Lunes, 22 de Julio de 2024
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Por Cristian Muriel
Sábado, 22 de junio de 2024
Cada vez que habla, la caga
Hace unos días la prensa local se hizo eco de la denuncia penal del Sindicato de Camioneros del Chaco contra el gobernador Leandro Zdero y el jefe de Policía Romero por la represión en la Plaza 25 de Mayo la tarde que el Senado debatía la Ley Bases.
Algunos medios entendieron que el pormenorizado relato minuto a minuto de las acciones que terminaron con la policía arrojando gases a los manifestantes era elocuente. Desmentir al secretario general del gremio y a la representante del Comité contra la Tortura hubiera requerido por parte del gobierno una argumentación análoga que desbaratara cada imputación.

Pero Zdero eligió otro camino: responder con la complicidad de la prensa que lo banca a muerte y que se beneficia del superávit financiero y los $5 mil millones que los diputados radicales le cedieron a Marcos Resico, secretario de asuntos estratégicos de la provincia y ejecutor de la pauta publicitaria. Esos medios abordaron la misma noticia con sarcasmo, con títulos del estilo: “Insólito: ahora resulta que los quilomberos culpan a la policía por no permitirles cortar la calle”.

En vez de argumentar, Zdero corrió el eje, como un tuitero de Milei, y operó dos cambios sustanciales en la noticia: 1) invirtió la carga de la prueba, 2) banalizó la represión. Hay que decir también que esa prensa, legítimamente, ya tenía una posición tomada respecto a las manifestaciones populares. No cambiaron su forma de ver el mundo: el mundo, por fin, se alineó a sus expectativas.

Cuando a principios de marzo se presentó el multimedios provincial “Somos Uno” (sucedáneo de “Chaco TV”) hubo quien aseguró que el NBCH y Chaco Bursátil le pagaron $16 millones a Nicolás Wiñazki para sumarse al lanzamiento, y que Lotería Chaqueña le pagó la estadía y los pasajes. Lo que nadie sabía entonces era si Zdero lo había incorporado a la nómina regular de pagos de la provincia, si era un “ensobrado” de Zdero.

Pues bien, la noticia de la denuncia de Camioneros por la represión frente a la Casa por la Memoria llegó a TN, y fue el propio Wiñazki el que, con exactamente los mismos “argumentos” que la prensa local zderista, se burló de la presentación judicial, acompañado esta vez por sus coreutas porteños, que enfatizaban cada afirmación mordaz con sonoras carcajadas o aullidos de indignación. Así que sí: Wiñazki es un ensobrado de Zdero.

Volvamos al hecho noticiado. Primero, no era un caso policial, era un hecho político. En un caso policial, cuando los familiares de un chómpiras tratan de impedir que los agentes lo arresten en la vía pública y le tiran piedras al patrullero, la respuesta de la opinión pública es unánime: si es un chorro, dejen actuar a la policía; basta de proteger delincuentes, basta de puerta giratoria, etc.

En un hecho político hay otras cosas en juego. En este caso está la promesa de campaña de Zdero de ser irreductible con los cortes de calle. El problema es que se puso en práctica demasiado prematuramente, fuera de programa y de contexto, y encima con un jefe de Policía descontrolado, sediento de sangre, que baja línea permanentemente a sus subalternos para ejercer toda la fuerza posible contra la sociedad civil.

Esto es cuestionable incluso admitiendo que una parte de esa sociedad -peronistas incluidos- tenía los huevos al plato con los cortes de calle de los movimientos sociales.

Pero esa tarde no hubo piqueteros con los rostros cubiertos, armados con palos y gomeras y rodeados por barricadas de neumáticos en llamas. No hubo provocación ni piedrazos ni hordas lumpemproletarias sucumbiendo al impulso feral de hacer mierda todo. Hubo, en cambio, legisladores, docentes universitarios, dirigentes gremiales, integrantes de organismos de derechos humanos y periodistas cantando frente a una pantalla gigante que reproducía las incidencias de la sesión del Senado.

En ese contexto maduró la represión, y por el detalle de la denuncia de Camioneros, es evidente que había un plan pergeñado de antemano, que más allá de la táctica para espiralizar el conflicto, tenía un objetivo político: disciplinar a los adversarios; hacerles ver que el espacio público ya no es público: es un territorio sagrado de circulación, un no lugar para que el vecino vaya de casa al trabajo y del trabajo a casa. El que se detiene en la zona, aunque sea para atarse los cordones, debe saber que está siendo escrutado por las cámaras de seguridad apostadas en fachadas, semáforos y luminarias, y podría tener problemas.

Hasta que habló Wiñazki, el gobernador había manejado con prudencia un hecho que, como dijimos, es complejo, porque no es policial sino político. Pero volvió a meter la pata, como alguna vez en campaña, contraviniendo el consejo de sus asesores, y decidió hablar él mismo de lo que había pasado. Y como siempre, la cagó.

Como denunció la legisladora del Frente Grande, Tere Cubells, “el gobernador Zdero está difundiendo en sus redes sociales información falsa sobre mi actuación en el marco de una protesta social. Al mejor estilo Milei, comparte publicaciones de terceros dónde me pretenden presentar como violenta”.

Cubells refutó las fake news de las que se hizo eco el Pibe de Oro: “La última publicación de Zdero incluso tergiversa lo que digo frente a cámaras (subiendo una publicación de TN), tratando de exponerme como en uso de privilegios, cuando es exactamente lo contrario, no tengo ni tendré privilegios”. Y después: “Privilegio es llegar al gobierno y aumentarse el sueldo un 150% y los viáticos un 300%, privilegio es llegar al gobierno y despedir trabajadorxs para darle trabajo a sus militantes, privilegio es perseguir y despedir periodistas de medios públicos, silenciando voces”.

Zdero se metió solo en una discusión que ya estaba saldada y se expuso a que especulemos sobre el financiamiento -con fondos públicos- a un periodista de TN. También aceleró la conflictividad con sus adversarios políticos en el marco de una crisis que no tiene techo. Para lo único que agarra la pala es para profundizar la grieta. Los recalcitrantes están extasiados, y más extasiados cuanto más les aumenta la factura de luz, se deterioran sus salarios y la calidad de los servicios públicos, como si el único antídoto contra el ajuste fuera culpar a las otras víctimas.

Ni Zdero ni el comisario Romero tienen la más puta idea de qué van a hacer cuando se incendie la provincia, pero siguen tirando nafta al fuego.


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